Teatro dentro del teatro, como el cine dentro del cine de Ocho y medio de Fellini o La noche americana de Truffaut. “Ego” es un homenaje que no es más que una crítica al snobismo de los intelectuales insoportables que mezclan ideas y se pierden entre idas y vueltas innecesarias.
El miedo al cliché y los riesgos de repetirse juegan un rol fundamental en “Ego”, una obra que miente guiñando un ojo a los espectadores en todo momento para confundirlos y preparar el gran remate.
Cuatro amigos juegan al pool y charlan banalidades como cualquier grupo de cuatro amigos: mujeres, sexo, mujeres, la vida, mujeres y sexo. Lo cotidiano, lo real, la vida común y corriente se mezcla con los vicios del arte, las maneras de contar una historia. Un homenaje a David Lynch, o simplemente una crítica por lo absurdo y lo complejo. Cuatro amigos repiten el acto, como si sólo se tratara de la vida misma.
La obra de Candelaria Sabagh gana por el impacto que la obra va teniendo a medida que transcurren las escenas. Una mujer aparece y rompe el esquema, quebrando un deja vu constante que estos cuatro amigos acostumbran a tener.
Luciana Di Tella, Santiago Ferrería, Armando Gabriel Lazarte, Hernán Oviedo, Francisco Vocos, parecen defraudar, pero a medida que se van presentando se ganan la atención en un teatro con poca acústica, pero cómodo y concheto para un sábado común y corriente.