La muerte es un tema tan delicado que hace falta un excelente guión para que no tenga que caer en el terrible cliché de golpear bajo, logrando lágrimas forzadas a base de frases tristes y situaciones tan ajenas como para tirar al piso cualquier estado de ánimo.
En “Es inevitable”, la obra del español Diego Casado Rubio, las cosas se hacen como deben ser: juegan con diálogos filosos y rápidos, no necesitan lugares comunes para referirse a la tristeza, no se exceden con los tiempos y hasta se animan a utilizar elementos audio-visuales. Todo de manera prolija y prudente.
La obra comienza con la gran Estela Garelli llorando al lado del cajón en el que se encuentra su prometida. El lesbianismo se presenta con una naturalidad perfecta, ideal para alejar cualquier tipo de conducta homofóbica, logrando transmitir, como lo hizo en su momento Six Feet Under, aquella serie de HBO, que los homosexuales tienen las mismas discusiones, los mismos dramas y deseos que cualquier pareja del mundo.
La muerte, el amor que ya no está, el consuelo que nunca llega, los defectos que ya se extrañan y los caprichos nunca dichos giran en torno a un ataúd y una mujer destrozada que de alguna manera sabe comunicarse con el amor que ya no está. Patrizia Alonso y Lorena Viterbo acompañan en una obra sensible que sabe impactar desde el primer minuto, donde el pasado se recuerda y el futuro sólo logra temor.
Pocas veces dicho, pero obra recomendada y obligada para el que logra apreciar un buen drama de hora y pocos minutos a cargo de tres grandes actrices que saben transmitir el gran guión de Rubio.