Una de dos: o te la pasás mirando cada detalle, cada plano, cada instante de un película y/o obra de teatro y/o recital para encontrar el mensaje que dicen que tiene, o te despreocupás de todo, sacás un chupetín y le das tranquilo, disfrutando lo primero que te venga a los ojos. Porque con “La Nave”, el proyecto del grupo Choque Urbano, pasa un poco por ahí: tenés a trece tipos hablando en un idioma inventado, pintados con caras alucinantes, que te hacen un sonido con todo, y encima, ¡encima! les sale bárbaro.
El mensaje directo es la búsqueda. ¿De qué?, ahí vos querido amigo. Porque el tema con La Nave es dejar libre la cabeza y enfrentarte con la bola de sonido que viene cuando los trece comienzan el show de percusión con palmas, tambores, tubos a lo Blue Man Group, baterías improvisadas y bolsas.
Los trece personajes (no argentinos, ni húngaros, ni italianos, ni nada que tenga DNI) recorren todo el escenario, recreando esa búsqueda constante, imaginando y creando la evolución del hombre, la necesidad de sentirse parte de algo para ser fuertes y luchar contra lo ajeno. La idea de civilización pierde sentido a la hora de compararnos con ellos, porque ese gran circulo de la vida, del morir-nacer que tanto se habla, ya no importa, porque no cambiamos, porque siempre cometemos los mismos errores y volvemos a comenzar, a nacer ciegos llenos de preguntas.
Una obra rápida e intensa, que juega con la cabeza y trata de perturbarla, de gritarle al dormido y decirle que preste atención, que te tira una idea y que si no la cazás, “de última calate la que mando con los tamborcitos” y opalalá, todo es una Creamfields llena de instrumentos que emulan sonidos electrónicos bien arriba, al palo, con trece tipos desquiciados haciendo sonidos con lo que encuentren en el camino.
Una vez más, obra recomendable para el bolsillo del caballero rata que quiere invitar a una chica y sabe que la duerme con una de Julio Chávez. Treinta pesos de nada y a otra cosa mariposa, porque si salen del Konex, enfrente a un par de metros a la derecha van a ver un hotel con luces rojas que parece, dicen, está bueno y también accesible. ¿Qué más querés piscuí?