La Mas Pura Violencia Escenica
Fuerza Bruta atropella los sentidos y saca al público de su rol de espectador para llevarlo al centro mismo de la obra en una experiencia sin convenciones.
La noche esta vez nos llevó hasta Figueroa Alcorta y Pueyrredón, detrás de la facultad de Derecho, precisamente al interior de una inmensa carpa montada en el Centro de Exposiciones. A minutos del comienzo de la ¿obra? el lugar donde ocurrirá todo se parece más a un galpón con buenas luces que a una sala de teatro, ¿Y las butacas?.
El frío porteño se quedó definitivamente puertas afuera y unos mil espectadores empiezan a hablar entre sí mientras se dejan llevar por la música electrónica, que sumada a las luces, (solo falta una barra con bebidas), generaba el clima de una disco.
Pero si esto presentaba una puesta muy poco convencional para una obra, lo que vendría después sorprendería aún más. Quizás no tanto para aquellos que ya vieron a los De La Guarda, dado que Fuerza Bruta es de los mismos creadores. Sin embargo, aunque conserva el espíritu de lo imprevisible, con actores colgados con arneses que interactúan con el público, esta vez, Diqui James, su mentor, sube la apuesta y el agua se convierte en un contenido esencial del show.
Puntual, a las 21.00, en completa oscuridad y con el corte abrupto de la música se daría paso a una voz que nos anunciaría la premisa de la noche: “Usted forma parte del espectáculo” . De ahí en más todo fue un violento despliegue de estímulos atropellando los sentidos.
Decir que el show consta de varias escenas- la de un hombre corriendo sin parar derribando puertas, una enorme pecera de material flexible sobre el público o dos escenarios rodantes con una murga- no alcanzaría para describir la experiencia. Pues el secreto reside en entregarse ahí mismo sin la más mínima mediación intelectual, los 12 actores harán el resto.
La dinámica del espectáculo toma rehén al espectador en cada escena, todas ellas se le imponen física y sensorialmente, no solo invadiendo su espacio con estructuras y escenarios que arremeten sorpresivamente desde diferentes sectores cada vez, sino que pone a los actores en contacto directo con las reacciones. La música electrónica, es otro de los puntos clave, su potencia le otorga el rasgo más tribal a la danza fuerte y bruta de sus protagonistas.
La propuesta pretende ir más allá de cualquier significado intelectual que pueda extraerse de las escenas, y lo logra, de tal manera que no resta mas opción que entregarse a la energía que genera la obra. Sin embargo, aunque uno forme parte del show, por momentos no es suficiente, es tal el efecto, que hasta dan ganas de sumarse al baile frenético y a los saltos violentos que los actores ejecutan sobre una superficie llena de agua…lástima que no te dejen.
Periodista: Gentileza: Gaby Salomone
Fotógrafo: Beto Landoni
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